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Antes de empezar

La consigna era clara: Había que completar 21 kilómetros de montaña. Así fue como los dos involucrados, mis entrenados Javier Martellotto –médico y ex triatleta finisher del Ironman de Florianópolis 2009- y Gabriel Ruiz –maratonista- se dirigieron en auto hasta un paraje bien alejado de la ciudad de Córdoba.
Se bajaron del auto y comenzaron a correr. Era un día caluroso, con elevadísima humedad. La sensación térmica rozaba los 40 grados. Pero como los dos deportistas trabajan y tienen familia, el mejor horario que encontraron para hacer el entrenamiento fue a las 11 de la mañana.
Javier llevó sus barritas de cereal, sus frutas y su bebida isotónica. Gabriel llevó solamente agua, y encima, poca.
El entrenamiento salió como uno más. Con el calor y la fatiga propia de casi dos horas de trote por montaña. Pero la verdadera carrera para “El Javi” comenzó en el regreso, cuando Gabriel comenzó a sentirse mal y se desmayó. Javier le hablaba y Gabriel no respondía. A 140 kilómetros por hora, lo llevó a un shopping que estaba en el camino, lo bajó y pidió que llamaran a una ambulancia y que mientras tanto le acercaran el botiquín médico de urgencia del centro comercial, que él mismo lo atendería porque era médico.
No recuerdo bien los pormenores de cómo Javi sacó adelante a Gabriel. Lo importante es que si ese día Gabriel iba solo a la montana, o si Javi en lugar de médico era abogado, el perfil de esta nota sería otro.
Mi intención no es ponerme trágica ni exagerar la situación. Pero cosas como estas suceden muy a menudo, en parte por no tomar las medidas de prevención suficientes para entrenar con condiciones climáticas extremas. Sabemos que no es igual la deshidratación que sufre un organismo en un día caluroso que en un día frío.

Profe, no me la compliques

Se me ocurre hacer una analogía entre el tema del control médico necesario para un deportista y las vacaciones. Si nuestro medio de transporte es el auto, antes de salir lo primero que haremos es chequear que todo funcione bien. Si el viaje es largo, habrá que prever las paradas técnicas de abastecimiento -del auto y de uno mismo- y de descanso para poder seguir y llegar sanos y salvos a destino.
Lo mismo deberíamos hacer con nuestro organismo antes de empezar a practicar actividad física, ejercicio o deporte, sea a corto, largo o mediano plazo. Los correcto es someternos a un chequeo general para saber si estamos aptos para el desafío que deseamos encarar. Es que, en algún punto, nuestro cuerpo puede comparase con una máquina a la cual deberíamos someter a controles periódicos antes de embarcarnos en un largo viaje.
Cuando un deportista quiere empezar a entrenar conmigo, en la entrevista de inicio, le hago una serie de preguntas entre las que figuran las siguientes:
- ¿Sufre o sufrió alguna lesión que incida en su entrenamiento?
- ¿Padece o tiene antecedentes familiares de hipertensión, diabetes, obesidad o problemas cardíacos?
Y al final del informe aclaro los requisitos para comenzar a entrenar:
- Ergometría de esfuerzo
- Apto físico
- Análisis de sangre
- Antropometría
Además, vale explicar que lo más conveniente es hacerse todos los estudios, porque un apto físico firmado por un médico amigo me sirve sólo a mí para cubrirme de cualquier tema legal que pueda surgir, en caso de que un entrenado sufra algún problema de salud mientras entrena conmigo.
Por el contrario, un examen médico general nos da a ambos la tranquilidad de que estamos en condiciones de entrenar sin sobresaltos.
Lamentablemente, la respuesta más común cuando pido los estudios es: “profe, no me la compliques”. Pero poco a poco van comprendiendo que es importante hacerlos.

No todo para todos

En primer lugar, de acuerdo al principio de individualidad biológica, debemos saber que no es lo mismo un niño que un adolescente o un adulto. Asimismo, tampoco es lo mismo un adulto deportista de tiempo libre que un adulto deportista de elite.O un deportista que recien empieza a entrenar qur otro que lo hace  desde mucho tiempo atras.(*Ver columna Principio Indivivualidad Bilogica)

Se recomiendan entonces, a modo de chequeo completo, hacer los siguientes estudios:
- Examen clínico completo.
- Laboratorio completo (citológico, eritrosedimentación, urea, creatinina, glucemia, ácido úrico, perfil lipidito, perfil hepático, análisis de sedimento urinario)
- Electrocardiograma en reposo.
- Ergometría de esfuerzo.
- Ecocardiograma.
- Espirometría con test de marcha.
- Radiografía de tórax.
- Antropometría.
Ahora bien, citando al doctor Martellotto: “lo importante es que un profesional idóneo realice un muy buen examen físico y una completa anamnesis para, de esta forma, poder orientarse en los estudios a solicitar. No creo que sea apropiado solicitar a todos los deportistas todos los estudios, sino evaluar según edad, factores de riesgo y tipo de práctica deportiva para no abusar en los recursos”.

Llegar a donde queremos ir

Quisiera detenerme en otra situación por la que pasé siendo ayudante de un técnico de natación de Córdoba, y que he comentado en un artículo anterior de Biciclub. En pleno trabajo principal (30 x 100 dentro de 1 minuto 20 segundos), una de las nadadoras se detuvo porque decía que se le había ido el pulso. Le dije que se lo tomara. Le dio 260. No le creí. Me acerqué y se lo tomé yo misma. Grande fue mi sorpresa cuando se lo tuve que tomar dos veces porque la primera me perdí contando. Efectivamente, su corazón latía 260 veces por minuto.
La saqué del agua, le dije que se quedara sentada. Le sugerí que viera a un cardiólogo. Cuatro semanas después la operaron del corazón. Resulta que padecía del síndrome Wolf Parkinson White, que es la existencia se una cuarta vía anómala en el as de hiz, que tiene normalmente tres vías. Esta es parte del sistema eléctrico del corazón que regula justamente su funcionamiento.
Si bien en este caso se trata de un problema que no se detecta en una ergometría, sí somos nosotros, los profesionales del movimiento, quienes debemos estar atentos y derivar al deportista inmediatamente a un médico que haga los estudios exhaustivos correspondientes.
Ojalá este artículo sirva para ayudarnos a tomar conciencia de que nuestro cuerpo nos va a acompañar hasta el último de nuestros días, y de que tenemos que empezar a cuidarlo y tratarlo mejor.
Si antes de irnos de viaje ponemos a punto nuestro auto… qué bueno sería poner a punto nuestro organismo año tras año, temporada tras temporada.
Tal vez esto no nos garantice una vida más larga, pero estoy plenamente convencida de que cuidarlo nos permitirá tener una mejor calidad de vida. El puntapié inicial de este cuidado es saber cómo estamos para definir hacia dónde vamos. O, mejor dicho, para saber si así como estamos podremos llegar a donde queremos ir. No nos olvidemos de que una de las principales funciones de los entrenadores es potenciar la salud a través del movimiento.

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